viernes, 6 de mayo de 2011

Se escribe protesta, se llama dignidad

Una de las paradojas más llamativas de la actual crisis económica está relacionada con la llamada de ayuda que los neoliberales hacen al Estado como forma institucional superior. Esta solicitud, contraria a toda idea liberal, se concreta en la exigencia de retorno del Estado como estructura de control... de los demás, entiéndase de la población trabajadora y del estado de bienestar. El espíritu pedigüeño de los neoliberales ha llegado hasta el extremo que un presidente de la gran patronal española, de funesto recuerdo e infausto presente, solicitó al gobierno del Estado “reformas valientes” entre las cuales propuso “suspender temporalmente el capitalismo”. Lo mendigó él que utilizó el Estado como base de sus negocios y como instrumento para disciplinar a la clase obrera.

Y el Estado – no olvidemos que las Comunidades Autónomas (CCAA) y los ayuntamientos también lo son -, ha corrido solícito a prodigar su ayuda. La consecuencia está siendo el desmantelamiento galopante del Estado del bienestar. Quizá los ayuntamientos, a pesar de sus estrecheces, son los que aún no han llegado del todo a socorrer al neoliberalismo y desmontar el Estado de bienestar, pero todo se andará después del próximo día 22 de mayo. Para muestra el compromiso del candidato de CiU a alcalde Barcelona que, si llega a la alcaldía, ha prometido ceder la gestión de determinados servicios públicos a la empresa privada. Eso sí, se hará, en este caso y otros, a costa de los ERE que ya están maquinando más de un comunidad autónoma y de un ayuntamiento. Se hará, pues, a costa de los trabajadores.

Este servilismo al neocapitalismo se está llevando a cabo, y se acrecentará, a costa de la reducción del Estado de bienestar. Hay quien predica que estamos como nunca, que qué más queremos, que gozamos de una buena sanidad, que disfrutamos pensiones, que tenemos más quilómetros de “ave” que el resto del mundo mundial, que hemos de tragar por tener tanto… Incluso hay quien dice, sin que se le caiga la cara, que comemos cada día y nuestros padres no pudieron hacerlo siempre.

Pongamos cifras a las cosas y quizá no las veamos tan de color de rosa como algunos las pintan. Quizá tengamos motivos para la protesta. Quizá ha llegado el momento de decir “basta” en este clima de desánimo, agobio y desmoralización social más o menos manifestado. Quizá ha llegado el momento de la dignidad.
Antes de aportar algunas pocas cifras, quiero dejar constancia de que los datos que relaciono a continuación están tomados, principalmente, de los blogs que mantienen los profesores Vicenç Navarro (http://www.vnavarro.org) y Juan Torres López (http://www.juantorreslopez.com), de la web del Observatorio Social de España (http://www.observatoriosocial.org/ose/) y de diferentes artículos de prensa.

• El PIB per cápita español es el 94% del promedio de la UE-15. El gasto público social por habitante es sólo el 74% del promedio del gasto público social promedio de la UE-15. Si nos gastáramos lo que nos pertenece por el nivel de desarrollo económico que tenemos, es decir el 94%, destinaríamos 80.000 millones de euros anuales más al gasto social. Si hacemos un cálculo tosco de esta cantidad en relación con los posibles puestos de trabajo que se crearían, desaparecería el desempleo actualmente existente, ya que se podrían crear 5.000.000 de puestos de trabajo.
• España es el país de la UE-15 con menores ingresos al Estado, solo un 34% del PIB, mientras que la media europea se sitúa en el 44% y Suecia en un 54%. Si España tuviese la carga fiscal que tiene Suecia, el Estado español ingresaría 200.000 millones de euros más. Adiós, pues, al desempleo y bienvenida a una mejora substancial del Estado de bienestar.
• El trabajador de la industria manufacturera española paga al Estado español el 74% de los impuestos que aporta el trabajador de la manufactura sueca a su Estado; el empresario español sólo paga el 38%. Ante este panorama, el gobierno del Estado y los de algunas CCAA han reducido más y más los impuestos a empresas y personas con rentas más altas. Al parecer, se reducen impuestos a las empresas con el fin de crear empleo. La pregunta es dónde está ese empleo creado. El déficit del Estado, de las CCAA y de los ayuntamientos puede ser enjugado si se aumentan los impuestos a empresas y clases más pudientes en lugar de descabezar al Estado de bienestar.
• Los inspectores de Hacienda afirman que podrían recaudarse 38.000 millones de euros centrándose solo en dichos sectores pudientes de la población española, sin que ello afectase a la carga impositiva de la mayor parte de esa población.
• Para muestra un botón: el banco Santander obtuvo 35.000 millones de euros de beneficios netos en el pasado ejercicio. Al lado de este dato, el gobierno del Estado, con el beneplácito de casi todos los partidos de la oposición, ha intervenido con esfuerzos ingentes poniendo a disposición de la banca y las cajas cientos de miles de millones de euros.
• El gasto público social en sanidad representa el 5,7% del PIB español, mientras que es el 6,8% en la UE-15. El gasto público social español en educación es del 4,4%, siendo el 6,8% en la UE-15. El gasto público destinado a la educación infantil y primaria es, en España, 4.806 euros/alumno/año y 6.316 euros/alumno/año en educación secundaria. Mientras que en la UE-15, el gasto público destinado a la educación infantil y primaria es 6.254 euros/alumno/año y 7.272 euros/alumno/año en educación secundaria.
• El precio por metro cuadrado de la vivienda creció en España un 106% desde que se implantó el euro en 1999 hasta el año 2007 (son los últimos datos disponibles). Mientras tanto, los salarios de los trabajadores crecieron solo un 8%.

Todo ello lleva a considerar que hay datos suficientes para la protesta y la rebelión, y aún podrían aportarse muchos más con relación a la evasión fiscal, la economía sumergida, los paraísos fiscales, el impuesto sobre el patrimonio y de sucesiones… Los datos dejan claramente a la luz un permanente golpe de Estado de las clases poderosas, con la ayuda de ciertos gobernantes, y nos exigen una reacción que no puede dilatarse en el tiempo. Algunos tenemos una cierta edad, pero eso no nos exime de “volver al principio” y a los más jóvenes de dar el primer paso. Volver y empezar, para qué. Principalmente, para liquidar la teoría y práctica económica neoliberal dominante y substituirla por otra basada en la dignidad del Estado de bienestar que es, finalmente, la dignidad de la persona.